Repeat after me: El arte de enseñar “Arte”
Emprender al Viaje hacia la Utopía de las Metafísicas
Juan Fernando Pérez H.
“En este momento la escuela tiene edificios del siglo XIX, docentes del siglo XX y alumnos del XXI”
Daniel Cassany
Capricho n.º 37: ¿Si sabrá más el discípulo? - Las estampas de Asnerías
Francisco de Goya 1799
Hablar de pedagogía en términos historiográficos y en detalle de corrientes es un tema que tal vez tomé buen tiempo, claro es que “quien no conoce su historia está condenado a repetirla” y desde los métodos educativos de hoy, nuestra ventana, parece ser que nadie a querido asomarse a conocer la historia.
Me gustaría pensar que una pedagogía de las Metafísicas es posible, enseñar a los que enseñan desde una mirada en el ser en cuanto es, donde se entretejan diferentes relaciones entre los individuos que participan del proceso educativo, nada lineales y jerárquicas, relaciones cíclicas, ondulantes, vibrantes y estimulantes que más que rellenar, vacíen y dejen espacio a lo que el propio viaje quiera ir llevando como maleta, como recuerdo de paraje, como experiencia de vida. Esto se pinta como una utopía frente a un sistema de métodos lógicos, regulativos, homogenizantes y “castrantes”. ¿Será que el único conocimiento posible es el conocimiento de la historia? ¿a una persona sólo le basta con saber muchos datos sobre muchos temas para ser un “intelectual”?
Hoy cuando la ciencia a dado frutos como arroz, los procesos que esculpen otras vías de conocimiento se presentan como mitos, se ven como unas buenas películas de ciencia ficción o un cuadro muy bonito pero definitivamente muy “costoso”; para algunas selectas agrupaciones es más que una verdad y participan de ellos como una secta privada, tal vez por sentido de exclusión, tal vez por las grandes barreras que el poder implanta para su difusión.
Una cosa es impartir conocimiento, otra muy distinta es entrar en el juego de crearlo; las instituciones sociales (religión, política, economía, etc) regulan e imparten sus estructuras de pensamiento y cohiben la libre expresión del pensamiento (no libertinaje de pensamiento), capacidad crítica y reflexiva de las seres que habitan sus territorios, y el Arte si que requiere de ellas, en cuanto A+B siga siendo igual a C y no a A+B =¿C?!, una educación artística que realmente haga honor a su origen (el Arte), no podrá mas que valerse de penosas y paupérrimas muestras de arte-sanía y manualidad como componente sensible de todo un sistema de “formación”.
¿Por qué reina aquello que va en pro de la prueba absoluta y contundente, que limita al ser humano a conformarse con lo que sus pruebas puedan corroborar y lo que no simplemente “no existe” y no aquello que toma piezas de todos los mundos del ser humano, las somete al conflicto pero no las disgusta entre si y los conjuga en pro de su integridad y que además poco rechaza?
No basta sólo con aprender lecciones, aprender una técnica, construir un discurso funcional y entendible; el mundo del Arte requiere de una entrega y una extralimitación del ser hasta que se traspase a si mismo y ponga en ese objeto de su búsqueda la chispa de vida que la hace merecedora de obra de Arte.
“El error y el acierto, fundamentales dentro del proceso cognitivo del aprendizaje, están nulificados ¿Cómo un maestro va a reprobar o corregir a un alumno por la calidad de un trabajo si todo es arte y la obra es infalible? No existen parámetros o criterios de evaluación y el maestro no tiene autoridad para hacerlo. La misión de adquirir conocimientos también es obsoleta. Si ya la obra está dada, qué le enseña el maestro al alumno. “
Avelina Lesper, Refundar la educación Artística
Tal vez el primer paso hacia la realización de una Utopía (aún cuando en otros rincones del mundo ya trabajan en ella y de utopía no tiene ni los cucos), sea creerla posible y construir los puentes y las naves que atraviesen los abismos que separan a la tierra de la plana en cuaderno de cuadricula y el dibujo de muestra y al planeta del pensamiento propositivo, donde se juega con la belleza, como plantea Schiller, para ser hombres.
La era del profesor desorientado
J.A. Aunión
Escena de escuela o La letra con sangre entra, Francisco de Goya
1780 -1785


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