domingo, 1 de marzo de 2015

"Manual Para Ser un Niño"
Parafraseo
Juan Fernando Pérez H.


1. la Vocación y la Aptitud son innatas y los padres y maestros deben ayudar al niño(a) a potenciarlas.

2. "Aprender es recordar", se nace artista y crecer en un ambiente favorable guía a la felicidad.

3. Se guía desde la propia experiencia, el ejemplo motiva a los niños a seguir sus vocaciones.

4. la Vocación cómo un llamado "Divino" y la aptitud cómo la habilidad de hacer algo.

5. Se nace físicamente dispuesto para asumir una aptitud y una vocación, no encasillar los niños como es tradición es una dura tarea para los padres.

6. La disciplina es el conector esencial entre aptitud y vocación

7. Las pruebas sencillas pero certeras ayudan a identificar la vocación en niños.

8. En artes, no hay un sistema de captación temprana de vocación.

9. La obligación y el no desarrollo libre hacen a los niños asumir dobles vías.

10. La vocación por legado familiar no es el mejor método para el desarrollo infantil.

11. La falta de estímulos y de espacios de apoyo correctos  e idóneos lleva a los niños a ser autodidactas.

12. Sin unos criterios claros sobre el carácter profesional de las artes, los extremos en sus prácticas seguirán sin frutos acertados.

13. La estructura de la escuela en Colombia castra los talentos y mata la esperanza de un futuro en las Artes.

14. La Política Cultural se hace imperativa con el fin de generar un espacio apropiado para la Educación Artística.

15. - Educación Artística: sensibilizar y permitir el disfrute de las artes para todos los seres
    - Formación Artística: busca la formación de artistas

16. No se espera a que llegue la Vocación, se sale a su búsqueda, a su cacería.

17. La lectura es más que leer por obligación y sacar resúmenes vacíos para llenar notas.

18. La mala cultura de la lectura en los colegios hace que se muera el interés por leer.

19. La "escuela" requiere de espacios donde se disfrute de la lectura y no se cargue con obligaciones. Talleres participativos.

20. Nuevas políticas que generen un ente autónomo de las Artes y su Educación; instruir  a niños, padres y maestros. Políticas Regionales y Zonales.






domingo, 22 de febrero de 2015


"TAREA PARA LA CASA"
Juan Fernando Pérez H.


De la infancia recuerdo un episodio muy recurrente, cuando llegada el momento de descansar al terminar la jornada escolar o el fin de semana, me encontraba cargado de pilas de obligaciones por hacer, tareas que implicaban mucho tiempo, planas y planas, consultas por hacer, lecciones por aprender para algún examen oral o escrito, ejercicios matemáticos o mapas por colorear. No era suficiente, hoy en día tampoco, pasar la mitad del día en la escuela para cargar con la obligación que cumplir con otras tareas extra clase. Recordar el título “Tarea para la casa”, es pensar en aquellos momentos que escuchaba los niños y niñas en la calle jugando, el dolor de la mano por tratar de desarrollar la tarea lo más rápido posible o  por otro lado salir y cargar con la culpa y el sentimiento de no haber hecho “la tarea”.

Visto desde varios puntos de vista, este episodio, me parece antipedagógico, falto totalmente de didáctica y pensando en la primera infancia sin un lustro de lúdica. 

Los niños aprenden de aquello que los divierte y entretiene, la experiencia es una gran herramienta para hacer palpables los conocimientos y despertar el espíritu creativo y de búsqueda en los niños; los métodos de adiestramiento, adoctrinamiento y normalización son bastante efectivos para cumplir con los objetivos de una sociedad dispuesta para la subyugación y el trabajo en serie, la propagación de una mentalidad inerte, obediente y robótica, pero para nada fomentan el desarrollo pleno del sujeto, la salud mental ni emocional.  

Para la muestra, este recuerdo que no me produce más que nostalgia y nauseas al saber que desperdicié tanto tiempo haciendo tareas con contenidos que poco recuerdo y no viviendo como niño (aunque de alguna forma el universo fue bueno conmigo y disfrute al máximo cada momento de juego y libertad), hoy hago conscientes los miedos y traumas que de la escuela han quedado y trato de exorcizarlos, pensando en una nueva forma de enseñanza-aprendizaje, ahora que tengo la oportunidad de hacerlo. 

miércoles, 18 de febrero de 2015


EL SALTO AL PRECIPICIO
o el ejercicio de escribir
Juan Fernando Pérez H.



Muchos se acordarán de sus primeros intentos de escritura gracias a sus madres abnegadas, que guardan, desde el vientre hasta la muerte, cuanta “creación” brota de sus hijos para escoltarlas a la posteridad. Juan no cuenta con esa suerte, lo único que le queda es tratar de recordar, y viajar a aquellas épocas de niño recién iniciado en labores escolares, es verse envuelto en imágenes donde sus cuentos fantásticos, típicos de niño solitario, se han mezclado con la realidad y no han dejado mas que fotogramas y sensaciones aleatorias. 

Un recuerdo si es claro: casa de su tía, segundo piso contiguo a su casa, luz tenue, mesa del comedor con sensación de hambre, cartilla “NACHO LEE” y la voz de la tía que suena a algo como: “hasta que no te aprendás todo el abecedario no te parás de ahí”; vaya primer encuentro, nada confirma mejor que “la letra con sangre entra”.

Parece cierto que el hombre sólo recuerda lo que más le ha marcado el camino, porque de aquel episodio, ligado a vuelta de página, se encuentra inmediatamente uno de un Juan más grande. Se ve en cuarto de primaria, olor a media mañana y bocadillo, hora de clase pero él está en el corredor tropezándose con su profesora de tercero que dice, mirando un cuaderno del pequeño: “Juan que te ha ocurrido, tu letra como era de bonita el año pasado, veo que no estás practicando”, pero pareciera no hablar, es mas como si aquel reclamo lo viera escrito en su propio cuaderno cual nota adjunta para que firmara el padre o acudiente; un sabor a frustración y una especie de apagón definen bien la emoción removida, el recuerdo viene acompañado de un: “ah, creo que por eso es que no escribía”.

Vale aclarar que en lo sucesivo Juan si escribió, como todo estudiante de colegio, llenó hojas y hojas con lecciones, todas sepultadas en la pila de “cuadernos para botar” que quedaba cuando debía “arreglar su cajón” al finalizar el año escolar; pero escribir, lo que se dice escribir por y para si mismo, eso si que no.

Paso el tiempo y ya en la universidad, Juan recuerda sus primeros intentos de escribir allí, ¡eran como si mirara a un precipicio y tuviera que lanzarse!, pánico total. Estos remedos esbozados, lucían más como una compilación de ideas impropias que un pensamiento de un “estudiante universitario ideal”, sin embargo, obligado a saltar más de una vez, había llegado al punto en el que estaba dispuesto a perder su miedo y gritar “¡JERONIMOOO!” cada vez que tuviera que hacerlo, todo gracias a su profe LuzMa de “despistemología”, cómo ella le decía al curso, la cual lo inició en el ritual, cual maestra chamánica, dándole algunas herramientas y alentándolo con unos “veo una voz que se expresa, pule aquí esto o aquello” o “esto está interesante, me gusta ese giro”. La valentía de Juan estaba dándole frutos y las caídas se fueron amortiguando más y más. 

Ahora él piensa en el tiempo perdido, tanto por escribir y a la vez tantos libros por leer, porque así como no escribía no leía, y sueña, que tal vez así, de una forma poética, sanará a aquel pequeño que habita en sus adentros, que se frustró por su letra no tan bonita, y que decidió, sin saberlo, dejar de escribir un día cuando estaba en cuarto de primaria, en el corredor de su escuela.



martes, 10 de febrero de 2015


Todo llega cuando corresponde: el encuentro con la Licenciatura en Artes Plásticas
Juan Fernando Pérez H.


Me gusta creer que todas las oportunidades y decisiones de mi vida vienen guiadas en línea directa por la sabiduría universal y en concordancia con un Plan Maestro. 

Tal vez nunca tuve una inclinación directa a ser “profe”, ni una vocación muy definida y clara, ha sido mas bien, un largo camino de búsquedas, de encuentros y desencuentros con gusto, aficiones, pasiones y anhelos; tal vez no tan acertados, pero de los cuales he aprendido mucho y sin los cuales no estaría tan seguro de seguir comprometido con mi formación en la Licenciatura en Artes. De lo que si estoy seguro es que compartir lo que sé es innato en mi y la preocupación por el conocimiento de los seres y sus relaciones es latente; como artista se lo importante de encontrar mi propia voz, de contar con espacios donde mi palabra, por más diferente que sea, se valore e incluya y es lo que aspiro crear como futuro docente para con los que tenga el placer de cruzar mi camino.

De mi infancia llena de lúdica que contrasta con severidad y castración escolar, no puede nacer otra cosa que el deseo de que los niños tengan esa misma alegría de jugar pero trazando nuevas líneas a la hora de “enseñar”; diría mejor que compartir y aprender, en un cosntante ciclo que se enriquece y ayuda a transformar.




viernes, 28 de noviembre de 2014


EDUCACIÓN EN ARTE, HACIA LA GESTACIÓN DE UN SISTEMA VIVO
Una serie de preguntas, camino a las respuestas 
Juan Fernando Pérez H.


Para la consolidación de cualquier organización social, se hace necesario que sus ideales o planteamientos sean compartidos por una “masa considerable” de seres humanos que a su vez transmitan estos planteamientos a futuras generaciones, para que aquello que se promulga pueda tomar el lugar de una “verdad”.

El arte se inscribe en estos parámetros básicos y si bien todos los elementos son primordiales, debería en primer lugar ser compartido por todas las personas y no por una “masa”, pero dentro de la relación, cabe resaltar “la transmisión” como el componente que da vigencia al ámbito, por lo que la educación se torna en el eje central, no como base de la experiencia ya que no sólo se trata de la formación de artistas, sino como la “capacidad instalada” de los individuos frente a la experiencia, en este caso, con el mundo del arte.

Considero que el sistema de arte actual es como una vía que se ha bifurcado; por un lado en una gran autopista (a la cual denomino Arte/sistema) y por otro, en un camino improvisado a un lado (Arte/órgano-vivo); estos, a medida que pasa el tiempo se van haciendo menos paralelos y más opuestos, lo que los deja con menor posibilidad de fundirse nuevamente en la gran vía. Pero ¿Cómo funcionan estas bifurcaciones y por qué es necesario retomar la unidad?

Para mi, el arte funciona con la estructura base de un sistema de comunicación (emisor-canal-receptor), en su particularidad y correspondencia, artista, obra y espectador; estos agentes se configuran de maneras distintas según “la vía” a la que se inscriben y en medio de la cual deciden transitar.

La autopista, aunque de buena estructura física que permite un buen viaje por medio de museos, salas, convocatorias, concursos y demás espacios brindados, la percibo como un aparato métrico, el cual piensa sus órganos bajo la pregunta de ¿Cómo medir? Y a partir de allí clasifica a la vez que excluye, adopta un carácter lineal y progresivo (monodireccional), rígido y normativo.

Allí hay un emisor que va tras el reconocimiento de su calidad de artista, (con variopinto requisito para su titulación), que a mi manera de ver se aleja en gran medida de su función y se convierte en un artista-relacionista público, foco de “popularidad social”, que se acredita a partir de conveniencias y favorecimientos; su nombre da la importancia a la obra, un branding donde él se sitúa por encima de su obra, le resta importancia y busca el reconocimiento de si ante el mundo.

La obra que éste genera es de una u otra manera comisionada y clasificada como pertinente o no al estándar de gustos y criterios de curadores y/o jueces de concursos y convocatorias. Es desequilibrada pues no siempre cuenta con igualdad entre concepto y materialización; además de la falta de “gracia” es tendencial y a la moda; un buen producto, para un buen negocio.

Aquí “espectador”, distingue a todos (los pocos) consumidores de arte de la sociedad, los cuales crean una especie de comunidad cerrada que determinan las direcciones del sistema y plantean reglas; el arte al servicio de ellos, no al servicio de la sociedad como experiencia trascendental que se traza en todos los ámbitos del ser humano (sensible, mental, espiritual).

La obra adquiere un valor ajeno a su esencia, no vale por su capacidad mística y comunicativa, vale tal vez más por ser de "Fulanito" o "Perencejo", no se sabe si el sistema es de arte, de artistas, de entidades o un negocio, y bajo estos ojos, el concepto de construcción social se hace superfluo. Es difícil para el sujeto inmerso en la materialidad del sistema actual entender que el arte tiene un gran peso y es vital, no es del azar ni un acto innecesario (recreativo), sólo porque los parámetros lineales de evaluación y segmentación que usa normalmente no aplican para este fenómeno que es complejo y trascendental (lo es en la medida en que afecta los sentidos, afecta las ideas, los principios, lleva a la reflexión y se instaura de una manera tan personal y propia); esta autopista se queda corta a pesar de todo.

El camino aledaño, se entrevé como un brote del Arte/órgano-vivo, que a falta de infraestructura y recursos, va formando su propia senda propenso a palidecer ante la magnitud vecina; salas alternas, propuestas con tinte social y de construcción de tejidos, iniciativas con nuevas dinámicas frente al fenómeno y nuevos lenguajes integradores sacan su escudo.  Aquí, el arte nace de una chispa de vida, como agente de creación que pulsa la vida misma, abarcando espacios del ser que otras experiencias humanas no logran tocar ni contemplan. Un duro camino, que aunque también se queda corto, lo hace desde la forma y no desde el fondo.

Para llegar a todos los ámbitos del ser, la obra (principal eje del intrincado mecanismo que es el órgano-vivo) cuenta con un equilibro entre una claridad material (que toque las fibras sensibles y cautive o mueva sensaciones primarias) y una invitación a la reflexión conceptual desde un punto subjetivo de lectura e interpretación; cualquier intento de descripción sería una simple apariencia o suposición y no se puede tomar como una verdad absoluta ni dictaminante de tendencia. El resultado de éste diálogo interno conmueve la esencia espiritual.  

El artista “órgano/vivo” actúa con su “genialidad” como plantea Kant, bajo unas reglas que no define pero siente palpitar en sí y hace uso de los conocimientos, teorías, técnicas y procedimientos que con mayor fidelidad le llevan a alcanzar su fin. Además se convierte en pitonisa que expresa sus “visiones” en lenguas tal vez extrañas y complejas para el común, pero que permiten apreciarla y hace de sí "el oráculo del dios arte".  La “Sibila” se conecta con algo que va más allá de la lógica, puede llamarse mundo onírico, trance metafísico, escucha “la voz de Dios” y sin pensar, deja que todo su ser se invada y funcione como medio.

El espectador no se plantea una posición prima en el sistema, no hay niveles ni clasificaciones, se permite ser vulnerable ante la obra de arte y sus tejidos, sabe que su verdad es una más que aporta a la gran fundación de “verdades” de la obra, una verdad potencial, porque ella en sí permite los distintos abordajes y reflexiones. El mismo artista es espectador y junto con los otros forjan las dinámicas de este medio risomático; el mercado existe pero hace parte de ese intercambio, no domina ritmos, por el contrario los sigue y potencia el constante crecimiento, la depuración y la apertura. 

Es en ésta relación de interconexión, donde la afirmación “arte para todos” cobra más peso y el lugar en el que se debe tener claridad que la palabra “todos” no excluye (no es todos los que hacen parte de x o y grupo) todos es todos. Es en la educación pero más que una educación en las artes, es en la formación de sensibilidades que se descubre la herramienta que permite trazar una ruta clara hacia el desarrollo de ese Arte/órgano-vivo el cual atañe a TODOS, importa y concierne a TODOS y es parte de la vida de TODOS. 

Pero, si el arte es para todos ¿es la obra la voz de su tiempo por dirigirse a todos? ¿dónde queda la voz del artista? ¿éste expresa la voz de su tiempo o construye su propia voz frente a su tiempo?

La idea de obra nace como producto de una interrelación entre los factores del ser, los internos entre si y a su vez estos con los externos, de una forma muy intrincada sin proponer niveles ni jerarquías entre ellos. Por lo cual es tanto lo uno como lo otro: es el artista en medio de sus dos pupilas, sentidos y reflexiones y es el relato de una época; es singular y plural, la obra y las "n" lecturas que no son más que otras “obras” o “verdades” de un gran sustrato reflexivo. 

De la paradoja no hay manera de salir, es la forma en que el hombre habita la concepción de los estados superiores a su condición, "el arte como dios" lo es todo a la vez: es el llamado, la puerta de entrada a sí y salida al mundo, el camino, la comunión (común unión), la experiencia, el medio, el mensaje y la redención.

Se hace necesario que el Arte/órgano-vivo ocupe el lugar que la vacua tendencia post-contemporánea goza en nuestros días, tomar la infraestructura de la autopista y no sólo apropiarse de los espacios sino redireccionar los caminos de la formación porque “el florecimiento humano requiere el florecimiento de las disciplinas de las humanidades”, como mencionaba al comenzar, es la educación la que permite a los seres humanos la plenitud de la experiencia estética y de la vida en general.

Una educación de procesos conductistas que rosa las humanidades, las visita de vez en cuando o se encuentra abismalmente aislada de un profundo carácter humanizante, (lo que precisamente genera el arte en los seres humanos), da como resultado sujetos socialmente adaptables y maleables y no por el contrario individuos apropiados de si, integrados con su pluralidad (interna y externa) y su comunión en la diversidad.

El arte trasgrede hasta un punto que ni el papel moneda de mayor denominación de toda la faz de la tierra es capaz de tocar, pero no sólo lo toca sino que juega con él, lo estimula, la lleva de paseo y lo devuelve a su casa para antes de las 10 pm; después de esta visita ya nada será igual, esa “doncella encerrada” aprende nuevos lenguajes, se vivifica y transforma, se deleita.

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Quién es?... Con A de Artista
Juan Fernando Pérez H.


"¡Cómo anheló salir de esa sala lóbrega y vagar entre aquellos macizos de rutilantes flores y aquellas frescas fuentes! Pero ni siquiera podía pasar la cabeza por la entrada del pasaje."


Lewis Carroll, "Aventuras de Alicia en el país de las Maravillas"



miércoles, 12 de noviembre de 2014


“MIRROR MIRROR ON THE WALL…” 
La Obra de Arte como una fuente inagotable de Verdades
Juan Fernando Pérez H.


I 
Dicotomía del “ser” de la obra de arte

La obra, como producto de la intención, es, y eso que es lo es por si sola, en si contiene las rutas y el lenguaje necesario para ser vivida; un planteamiento netamente metafísico en el que la obra es su mismo principio, desarrollo y contexto. 

Por otro lado, la historia nos sitúa frente a la obra como una pieza maestra, la cual se ha valorado y en torno a la cual se ha creado todo un microcosmos (Velazquiano, en este caso en particular) constituido por lo que otros han pensado que el artista pudo ser y lo que, según sus análisis, su obra se carga en significados.

Entonces, ¿la obra es por aquello que es y suscita (Gesto)? o ¿es por aquello que se construye alrededor de esta?


II
La metafísica en la obra, el mito de “Las Meninas”

La obra “Las Meninas” de Velásquez, se ha hecho famosa a partir de supuestos, todo lo místico de “Las Meninas” ha sido construido por otros, la carga simbólica se valida debido a los hallazgos en la biblioteca del autor sobre simbología y otros temas relacionados. Pero ¿qué hubiese pasado si no se hubiese encontrado tal información? ¿No tendrían validez los códigos y lecturas que en ella hay? ¿Sería solo un retrato más? ¿Las demás obras que no demuestren tener un sustento temporal y bibliográfico no son significantes (de signo) y simbológicamente compuestas?

Es innegable su valor histórico y cultural, pero en principio ES porque ella habla un lenguaje que fue impreso por su autor al momento de su creación, (este se encuentra contenido en ella misma y parte de sus propios parámetros constructivos para dar su propia “vida”); luego sucede que la voz del artista se pierde, ya que en ese “ritual de creación”, el artista es canal (Sibila) que en trance participa en parte de este alumbramiento, pero al cual se le niegan multiplicidad de códigos y lecturas, no por fuente del azar sino del misterio metafísico que adquiere la obra.


III
La obra como una fuente inagotable de “verdades”

Cualquier intento de contar “la verdad total” de una obra es inútil, empezando por la intención del mismo artista, ya que si este intenta expresar el sentido de la obra, ya habrá partes "mutiladas" debido a que el lenguaje (cualquiera de los métodos, oral o escrito) clasifica, filtra, cierne y depura, acomoda en su orden lo que supone sentir quien la ha creado, con un valor predeterminado (el asignado a la imagen de bueno, agradable, entre otros conceptos),pero que no es mimesis del verdadero sentir del artista ya que no hay manera de cualificar y menos de cuantificar el nivel de satisfacción y el sentimiento experimentado; cualquier intento de descripción sería una simple apariencia o suposición.

“No existe, hasta la fecha, ningún tipo de impresión digital que se acerque, ni de lejos, a la monumentalidad y el misterio de Las Meninas de Velázquez. La presencia del original impacta aunque sepamos que existen, millones de reproducciones. El aura del original, retomando la errónea idea de Benjamin, no puede ser tocada por la posibilidad de una reproducción, al contrario, ver una impresión despierta la curiosidad de conocer el original”

Avelina Lesper, “La reproducción mecánica de la Irrealidad”


Cualquier acercamiento a la obra de Arte, se hace innegablemente desde una mirada construida por contextos personales y por ende únicos, aproximarme, pues, como individuo artista, no asegura una lectura total y fidedigna de la obra, a lo mejor ni siquiera parcial, sin importar cuan sumergido se encuentre uno en su historia, sus significados; lo único que hago es mirarme una y otra vez en ella, mi cristal refleja así como el supuesto espejo que Velásquez usó para crear su obra.

Juan Fernando Pérez, "Yo, Meninas" Reinterpretación de "Las Meninas" de Velásquez (2014)

Palabras claves: Historia, lenguaje, individuación, subjetividad y misticismo